Abril 2008


Querido año viejo:

 

Te quiero felicitar por el magnifico trabajo que hiciste en este pequeño lapso de tiempo, y digo pequeño, porque todo paso demasiado rápido, y en realidad no es tu culpa, cada año que toma el lugar de otro, hace el trabajo mas rápido, y es por eso que se nos hace que el tiempo se nos va en un abrir y cerrar de ojos. En lo personal te quiero agradecer por muchas cosas, y son tantas en verdad que la lista seria larga, pero aunque hayan sido buenas o malas, me hicieron darme cuenta de muchas cosas y así crecer un poco más.

 

¿Recuerdas la primera vez que te conocí?, era en una noche casi igual a esta, acababa de llegar de felicitar a toda mi familia e iba con mis amigos a una gran celebración, y después de una gran presentación, apareciste en plena fiesta como algo nuevo e innovador, todo el mundo estaba alegre y no paraba de celebrar, me acuerdo porque esa mañana tuve una gran resaca y dormí todo el día, así que te pido disculpas si me perdí tu primer día de trabajo.

 

Primavera te quedo muy bien, que yo recuerde, no había pasado una primavera tan emocionante desde que tenía 5 años y volaba papalotes en las azoteas de las casas. Me toco la boda de una gran amiga de la familia, que esta esperando niño pronto, aunque creo que ya no te tocara verlo. También fue mi cumpleaños numero veintiuno, que creo yo ha sido el mas especial en toda la historia de mi vida y es bueno saber que tu fuiste parte esencial del festejo. Y muchas otras cosas que te agradezco de ese tiempo, algunas buenas, otras malas, y otras que quedaran en el recuerdo como algo inolvidable.

 

Verano estuvo muy, muy caluroso, en verdad te pasaste con todo el calor que estuvo haciendo, no recuerdo otro tiempo en el que haya hecho mas calor que cuando tu estuviste trabajando. Pero no te culpo, se lo duro que puede ser laborar para todo el mundo y más cuando la capa de ozono se hace mas débil cada día que pasa. Verano me ayudo a reflexionar sobre varias cosas y a superar otras, fue un tiempo en el que pensé por un momento que mi existencia no era tan necesitada en el mundo, pero como todo gran fénix, tendemos a resurgir de nuestras cenizas.

 

Otoño marco el cambio y el comienzo de una nueva vida para mi, un cambio de todos los pensamientos que tenia de que todo era imposible y un comienzo en el terreno de lo posible y lo coincidencial, porque has de saber que este tiempo ha estado lleno de coincidencias, no siempre con el resultado que uno desea, pero a fin de cuentas, coincidencias. En otoño también empecé de cero las cosas, y me aventure hacia rumbos desconocidos, guiado por el instinto y por el corazón. Y fue un buen detalle agregarle un poco de frió al final de la estación, en verdad un buen detalle.

 

Y finalmente estamos aquí, en el epilogo de todo tu arduo trabajo, y como cada buen libro, tu final fue sorprendente, y digo sorprendente, porque toda la gente se sorprendió al ver que podía hacer tanto frió en la ciudad (buen detalle de tu parte, jeje). Este invierno será sin duda algo que recordare con mucha alegría. Vaya, en verdad me sorprende todo lo que has hecho y creo que no es nada fácil trabajar como tu lo haces, y menos cuando sabes la fecha en la que te tienes que ir para dejar que la nueva generación se haga cargo de todo otra vez, pero aun así, solo habrá uno como tu, y es por eso que las generaciones que están por venir, te recordaran como algo único. Se que yo lo haré, porque compartí parte de mi vida contigo. Y para ser sincero, no tengo hecha mi lista de propósitos para entregársela al que ocupara tu lugar, pero cuando los tenga, tenlo por seguro que se las iré revelando poco a poco y eso si, daré lo mejor de mi para que no se queden como simples propósitos o sueños, sino para que se hagan realidad. Bueno, mira la hora, ya te entretuve demasiado, se que te están haciendo tu despedida y así mismo recibirán al nuevo que te ha de reemplazar, así que de todo corazón te digo gracias por todo lo que paso mientras tu estabas, en verdad viejo, gracias.

Hace ya tiempo iba caminando por la calle en un frió día de diciembre, y mientras pasaba y veía a la multitud de gente que se juntaba para comprar regalos o simplemente a personas que querían disfrutar de un paseo normal con su familia no pude dejar de notar a esta pequeña niña que sobresalía de la multitud, ella llevaba un vestido rosa desgastado y estaba descalza, ahí sentada en una banca de un parque, con una cara de tristeza. La gente pasaba y pasaba y sin embargo no se detenía para ver que le pasaba, ni siquiera le regalaba una mirada de compasión.

 

Al día siguiente decidí ir nuevamente a ese mismo lugar simplemente por curiosidad para ver si la pequeña niña todavía seguía ahí. Y si, todavía seguía ahí, exactamente en el mismo lugar de ayer, con el mismo vestido y con la misma mirada triste. Ahora estaba decidido a hablarle, porque como todos saben la calle no es lugar para que los niños se queden solos, especialmente de noche.

 

Al acercarme pude notar que la niña en su espalda tenía una deformidad. Supuse que esa era la razón por la cual la gente simplemente pasaba y no hacia ningún esfuerzo siquiera por hablarle. Como todos sabemos las deformidades no son muy bien aceptadas en nuestra sociedad, y mucho menos alguien que trate ayudar.

 

Mientras me acercaba, la pequeña niña bajaba mas sus ojos evadiendo mi mirada directa. Mientras mas me acercaba a ella, mas claramente podría ver la forma que tenia su espalda, como una pequeña joroba, le sonreí para que supiera que estaba bien, que estaba ahí para ayudar, para hablar. Me senté al lado de ella y rompí el hielo con un simple “Hola”; la pequeña niña estaba sorprendida y dijo “Hola” después de una larga mirada a mis ojos. Yo sonreí y ella tímidamente sonrió de vuelta.

 

Hablamos hasta el anochecer, empezó a hacer mucho frió, las calles estaban completamente solas. Le pregunte a la niña porque estaba triste. Ella me respondió: “porque soy diferente”… inmediatamente le respondí “claro que lo eres… eres única, todas las personas son únicas” y sonreí. La niña se puso aun más triste y me respondió “lo se”.

 

“Mira pequeña”, le dije, “tu me recuerdas a un ángel, cariñoso e inocente”. Ella me miro y sonrió, después lentamente se puso de pie y dijo “¿en serio?”, yo le respondí, “claro que si, tu eres como un pequeño ángel guardián que lo mandaron para que cuidara a toda la gente que pasa por estas calles”, ella asintió con la cabeza y sonrió.

 

Con eso, ella abrió la espalda de su pequeño vestido rosa, justamente donde tenía su pequeña joroba, y permitió que sus alas se extendieran, y dijo “Si lo soy, yo soy tu ángel guardián”, con destello en su ojo.

 

Me había quedado sin palabras, a lo mejor y estaba imaginándome todo eso. Ella dijo, “por vez primera tu pensaste en alguien mas que en ti, así que mi trabajo esta hecho.” Me pare y le dije, “espera, ¿porque nadie se paro nunca para ayudar a un ángel?

 

Ella me miro, sonrió, y me dijo, “tu eras el único que podía verme”, y con esas ultimas palabras desapareció.

 

Así que, cuando piensas que tú eres lo único que tienes, recuerda que tu ángel siempre te estará cuidando. Como la historia dice, todos necesitamos de alguien…. Y, cada una de las personas que conoces en tu vida…. tus amigos, tu familia, tu novia, son ángeles en su propia forma de ser. La importancia del amor que te dan esas personas se mide con el corazón… y creo que es el mejor regalo que te puedes recibir en esta vida. Entonces no les des la espalda a esas personas que tanto te quieren, espero que sus ángeles guardianes siempre estén cuidándolos.

 

Érase una vez…hace mucho, mucho tiempo, un gran país, en donde se podía ir a donde fuera con toda la libertad del mundo, había igualdad entre toda la gente que vivía en el y todo era paz y armonía. Era otoño, el sol estaba en sus últimas fases, para ya después dejar entrar a los vientos de invierno, los grandes bosques se podían ver a lo lejos deshojándose y los animales regocijándose con el último aliento que había dejado verano.

 

Así se encontraron… dos almas que no tenían ni idea de lo que les esperaba mas adelante… dos almas inocentes que apenas eran como esponjas tratando de absorber experiencias del mundo…y que solamente vivían el momento. En ese caer de hojas de otoño, un joven es atraído misteriosamente a un inmenso bosque a las afueras de una gran villa, rodeando un gran lago…fue ahí donde la conoció.

 

Ahí justamente a la orilla del lago, en un pequeño kiosco de madera ya desgastado por el paso de varias estaciones, la vio bailando al compás de las hojas que caían desde arriba de las copas de los árboles, como si el viento estuviera tocando una melodía y ella estuviera bailando al unísono. Su cabello dorado y ondulado pareciera pertenecer al color que reflejaba el lago en el ocaso y su vestido blanco angelical reflejando la pureza de su esencia tan libre.

 

Sin pensar ciertamente lo que estaba haciendo, empezó a caminar lentamente hacia donde se veía esa maravillosa escena, y sin darse cuenta se encontró a solo unos pasos de aquel kiosco…la pequeña dama paró de bailar y sorprendida, volteo hacia donde se encontraba su espectador… sus miradas se encontraron por unos segundos, aunque en realidad se sentía como una eternidad… y apenado, el joven rápidamente bajó la mirada avergonzado de que hubiera visto algo que no debía ver.

 

La señorita le preguntó porqué la estaba espiando, y él le dijo que solo había salido a dar un paseo por el gran bosque y que por azar se había encontrado con ella… ella no pareció muy convencida de lo que le había contestado, pero aun así decidió cambiar el tema… ”¿Sabes bailar?” le pregunto la señorita, y el muchacho muy sorprendido le respondió muy honestamente que en realidad no sabia… ella lentamente extendió su mano y le dijo: “Ven”… él gobernado por la razón, dudo un poco, pero después se dejo llevar por ese impulso de curiosidad y deseo que se iba apoderando poco a poco de todas partes de su ser…subió las escaleras de aquel kiosco y se acercó lentamente a la bella dama manteniendo su vista en esos ojos color miel que emanaban una tranquilidad mas allá de cualquier explicación… la mano de ella era suave y delicada, pensaba él mientras la tomaba… la señorita tomó la otra mano del aquel tímido joven y lentamente la puso en su cintura, esto lo apenó a tal grado de sonrojarse… y entonces se encontraron sus miradas nuevamente, cada segundo parecía como la caída de las hojas de los árboles, y viéndose atentamente el uno a otro como dos enamorados, se sonrieron.

 

Bailaron y bailaron hasta que el ocaso terminó de iluminar el gran lago, y en su lugar salio una gran luna cuyo brillo daba vida a todo el bosque, con esa luz blanca y misteriosa. Su cabello tenía un olor a jazmín en primavera que no se podía comparar con todo lo que hermoso que había olido él en su vida, el vestido blanco que ella traía brillaba en el mismo tono que las estrellas en el cielo… el momento que parecía durar una eternidad eventualmente tuvo que llegar a su fin… los dos pararon, y ella dijo: “esta será la ultima vez que nos veamos…me tengo que ir muy lejos de aquí”….”gracias por este baile, nunca lo olvidare”, y así como se dió el momento, el joven sintió los labios tiernos de la señorita en su mejilla y segundos después se escucharon los pequeños escalones de madera…y después, la realidad azoto al sueño como el despertar de cada mañana…y fue cuando se dio cuenta….ella se había ido.

 

Sintió como una parte de el que desconocía completamente se desvanecía, como si parte de su ser se hubiera ido con ella, se sintió impotente ante tal sentimiento… miro a la luna que se iba acomodando lentamente entre sus compañeras las estrellas, y con un suspiro se despidió del momento, reunió su sentido de la realidad y volvió a casa caminando por el gran bosque.

 

Sin embargo, ese lugar… ese tiempo, seguiría en los corazones de esas dos personas, como recuerdos que vienen y van mientras crecemos… recuerdos que enlazan a las personas más allá del tiempo…como melodías.