Érase una vez…hace mucho, mucho tiempo, un gran país, en donde se podía ir a donde fuera con toda la libertad del mundo, había igualdad entre toda la gente que vivía en el y todo era paz y armonía. Era otoño, el sol estaba en sus últimas fases, para ya después dejar entrar a los vientos de invierno, los grandes bosques se podían ver a lo lejos deshojándose y los animales regocijándose con el último aliento que había dejado verano.

 

Así se encontraron… dos almas que no tenían ni idea de lo que les esperaba mas adelante… dos almas inocentes que apenas eran como esponjas tratando de absorber experiencias del mundo…y que solamente vivían el momento. En ese caer de hojas de otoño, un joven es atraído misteriosamente a un inmenso bosque a las afueras de una gran villa, rodeando un gran lago…fue ahí donde la conoció.

 

Ahí justamente a la orilla del lago, en un pequeño kiosco de madera ya desgastado por el paso de varias estaciones, la vio bailando al compás de las hojas que caían desde arriba de las copas de los árboles, como si el viento estuviera tocando una melodía y ella estuviera bailando al unísono. Su cabello dorado y ondulado pareciera pertenecer al color que reflejaba el lago en el ocaso y su vestido blanco angelical reflejando la pureza de su esencia tan libre.

 

Sin pensar ciertamente lo que estaba haciendo, empezó a caminar lentamente hacia donde se veía esa maravillosa escena, y sin darse cuenta se encontró a solo unos pasos de aquel kiosco…la pequeña dama paró de bailar y sorprendida, volteo hacia donde se encontraba su espectador… sus miradas se encontraron por unos segundos, aunque en realidad se sentía como una eternidad… y apenado, el joven rápidamente bajó la mirada avergonzado de que hubiera visto algo que no debía ver.

 

La señorita le preguntó porqué la estaba espiando, y él le dijo que solo había salido a dar un paseo por el gran bosque y que por azar se había encontrado con ella… ella no pareció muy convencida de lo que le había contestado, pero aun así decidió cambiar el tema… ”¿Sabes bailar?” le pregunto la señorita, y el muchacho muy sorprendido le respondió muy honestamente que en realidad no sabia… ella lentamente extendió su mano y le dijo: “Ven”… él gobernado por la razón, dudo un poco, pero después se dejo llevar por ese impulso de curiosidad y deseo que se iba apoderando poco a poco de todas partes de su ser…subió las escaleras de aquel kiosco y se acercó lentamente a la bella dama manteniendo su vista en esos ojos color miel que emanaban una tranquilidad mas allá de cualquier explicación… la mano de ella era suave y delicada, pensaba él mientras la tomaba… la señorita tomó la otra mano del aquel tímido joven y lentamente la puso en su cintura, esto lo apenó a tal grado de sonrojarse… y entonces se encontraron sus miradas nuevamente, cada segundo parecía como la caída de las hojas de los árboles, y viéndose atentamente el uno a otro como dos enamorados, se sonrieron.

 

Bailaron y bailaron hasta que el ocaso terminó de iluminar el gran lago, y en su lugar salio una gran luna cuyo brillo daba vida a todo el bosque, con esa luz blanca y misteriosa. Su cabello tenía un olor a jazmín en primavera que no se podía comparar con todo lo que hermoso que había olido él en su vida, el vestido blanco que ella traía brillaba en el mismo tono que las estrellas en el cielo… el momento que parecía durar una eternidad eventualmente tuvo que llegar a su fin… los dos pararon, y ella dijo: “esta será la ultima vez que nos veamos…me tengo que ir muy lejos de aquí”….”gracias por este baile, nunca lo olvidare”, y así como se dió el momento, el joven sintió los labios tiernos de la señorita en su mejilla y segundos después se escucharon los pequeños escalones de madera…y después, la realidad azoto al sueño como el despertar de cada mañana…y fue cuando se dio cuenta….ella se había ido.

 

Sintió como una parte de el que desconocía completamente se desvanecía, como si parte de su ser se hubiera ido con ella, se sintió impotente ante tal sentimiento… miro a la luna que se iba acomodando lentamente entre sus compañeras las estrellas, y con un suspiro se despidió del momento, reunió su sentido de la realidad y volvió a casa caminando por el gran bosque.

 

Sin embargo, ese lugar… ese tiempo, seguiría en los corazones de esas dos personas, como recuerdos que vienen y van mientras crecemos… recuerdos que enlazan a las personas más allá del tiempo…como melodías.